En el Centro de Salud de Minga Guazú, donde los recursos muchas veces no alcanzan y la infraestructura presenta limitaciones propias del sistema público, hay algo que no puede faltar: la empatía.
Claudia Ramírez realiza allí su pasantía como estudiante de medicina. Cuando se presenta una urgencia, acompaña a los pacientes en ambulancia hasta el Hospital Regional de Ciudad del Este o hasta donde sea necesario.
En uno de esos traslados asistió a una paciente de escasos recursos. La atendió con respeto, paciencia y dedicación. No hubo privilegios ni diferencias. Solo trato humano.
Días después, la mujer regresó con una sandía como agradecimiento. No era un obsequio costoso. Era lo que podía dar. Y lo dio con el corazón.
En hospitales públicos, donde muchas personas acuden buscando alivio para sus dolencias, la infraestructura puede faltar. Pero cuando hay vocación y empatía, eso marca la diferencia.
Para Claudia fue su primer regalo como futura médica. Para la paciente, fue la forma de decir “gracias”.
.Oscarflorentin